«La importancia de comprometerte con una meta reside en la persona que te tenés que convertir para alcanzarla»
(Mirta Rodríguez)
¿Falta de compromiso?
¿Te pusiste un montón de metas para el nuevo año y caíste de nuevo en la misma rutina de siempre?
Seguramente, antes del 31 de diciembre, en el medio de las corridas de último momento y la abrumadora rutina, tomaste la sabia decisión de anticiparte para evitar que el nuevo año te depare lo mismo de siempre y declaraste:
“EL AÑO QUE VIENE SERÁ DIFERENTE”
Así que detrás de esa poderosa declaración te armaste un listado de cambios que mejorarían tu calidad de vida en el año entrante.
¿Recordás cuántas promesas te hiciste? ¿Qué cosas dijiste que ibas a cambiar? ¿Qué metas te pusiste para el nuevo año?
¿Qué estás haciendo para cumplir con todo eso que te prometiste?
Permiso para adivinar…de repente, arrancó el año, la rutina y las obligaciones te pasaron por encima cual tsunami y arrasaron con toda tu planificación. El alivio mental que te proporcionó haber hecho aquella declaración de cambio con las metas que te propusiste, desapareció como por arte de magia.
Como si el 31 de diciembre a las 00.00, junto con el brindis y el ritual de las 12 pasas de uva (si es que te gustan las tradiciones), se hubiera activado un borrador mental de proyectos que te hizo caer en la realidad de todos los años.
Entraste una vez más en el círculo vicioso del estrés y la dificultad para organizarte. Seguramente a esta altura ya estás pensando en tu falta de capacidad para llevar adelante una agenda y cumplir con tus compromisos, ¿verdad? ¡Qué frustrante y agotador!
Probablemente, depositaste demasiada fe en las pasas de uva y estás esperando que ocurra el milagro. Sin embargo, me arriesgo a pensar que si estás aquí leyendo esto es porque sabés perfectamente que sos responsable de la realidad que estás creando. En ese caso, te voy a contar que, probablemente, te salteaste un paso antes de definir tus metas y comprometerte.
Así que dejame que te ayude a poner un poco de orden en todo esto.
El primer paso hacia tu compromiso
En primer lugar, lo que te hace falta es acomodar esa información que da vueltas por tu cabeza de manera que sientas seguridad con cada paso que vas dando. Tené en cuenta que estamos tomando decisiones todo el tiempo, la mayoría en automático. Hacemos miles de cosas sin estar pensando en ello. Por ejemplo, respirar, comer o caminar.
Está clarísimo que no hace falta ponernos a pensar si vamos a respirar o no. Es más, es necesario que nuestra biología funcione en automático porque de lo contrario, nuestro sistema de toma de decisiones quedaría más colapsado de lo que está.
Pero tampoco podemos dejar que absolutamente toda nuestra vida funcione de la misma manera, absorbidos por una agenda que decide por nosotros y maneja nuestros tiempos. Es necesario que tomemos cierto control para no perdernos por el camino.
Si estás leyendo esta nota es porque ya diste el primer paso, o sea, tomaste la decisión de hacer algo diferente. OK, ¡genial! Ahora le vamos a dar un poco de forma a esa decisión.
Para eso, te quiero hablar sobre el compromiso.
¿Qué es compromiso?
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El compromiso tiene que ver con la acción. Es la decisión de tomar acción en algo que quiero que pase. Un sinónimo de compromiso sería la promesa que hoy me hago a mi mism@ de crear algo nuevo para que en un futuro ocurra algo que estoy esperando.
Ahora bien, resulta que en el camino hacia ese resultado mi atención se desvía de tal manera que decido apartarme del recorrido y no llego a cumplir con mi promesa.
¿Qué hace que yo decida desviarme del camino y abandonar mi compromiso? ¿A qué se debe que de repente pierda el interés o que prefiera ocuparme de otra cosa?
Cuestión de peso
Así como la balanza se inclina hacia el lado más pesado, en el caso del compromiso pasa lo mismo. Todo depende del peso, en este caso, de la meta.
El peso de la meta tiene que ser de tal magnitud que tu balanza se incline hacia ella y no puedas evitar ir hacia ahí pase lo que pase.
¿Qué le da peso a una meta?
Las metas no tienen peso propio. Necesitan tener una razón de ser, algo mucho más grande que solo la gratificación de cumplirlas. Es el propósito lo que les da sentido. Es el peso que va a inclinar la balanza hacia el lado de tus metas, tu motivo para ponerte en acción.
Por eso, antes de comprometerte, es importante que descubras primero tu propósito y después definas las metas. Para eso tenés que responderte ciertas preguntas como: ¿cuál es tu estilo de vida? ¿cómo te gustaría vivir? ¿cómo querés que sea tu realidad con respecto a tus vínculos, tu familia, tu trabajo, tu salud, tus espacios de entretenimiento, tu desarrollo personal, entre otros? No importa si todavía no lo tenés muy claro. Empezá con lo que tengas y ponele todos los detalles que puedas. Siempre hay tiempo para ajustar.
Una meta con propósito te ayuda a poner foco, las decisiones dejan de ser un problema y el compromiso siempre estará al de servicio esas metas. De no ser así, el interés va perdiendo fuerza con el tiempo y la probabilidad de abandonar es muy alta.
Abandonar es lo más fácil de hacer
Hasta aquí ya pudiste trazarte una meta con propósito, te enfocaste, te comprometiste y empezaste a accionar. También sabés que hay un camino por recorrer antes de ver un resultado. Y muchas veces ese proceso pesa y, aunque el propósito está claro, te resulta difícil sostener aquello que te prometiste.
¡Detente! Para abandonar hay tiempo, eso es lo más fácil de hacer. Podés hacerlo ahora con esta nota también. Pero si llegaste hasta acá, te merecés seguir leyendo porque te voy a ayudar con algo más.
¡Prestá mucha atención a esto que te voy a decir! Probablemente, si a esta altura estás pensando en abandonar, es porque estás poniendo mucha expectativa en el resultado y dejaste de mirar el camino.
No me estoy contradiciendo.
Es que todo tiene su momento y su espacio de cuidado. Y ahora llegó el momento de revisar un poco lo que yo llamo los pilares del compromiso. Son dos recursos básicos e infaltables a la hora de sostener tu trabajo por esas metas. Te los presento, son la autoconfianza y la disciplina.
La autoconfianza como lugar de poder
¿Para qué es necesario pararse en un lugar de poder? Para estar a la altura de todo lo que querés lograr. Imaginate mirando tus metas con propósito desde un lugar donde te decís que no vas a poder, que tenés miedo, que te da vergüenza, donde lo único que se te ocurren son motivos para que ese escenario no se cumpla. ¿No te sentirías chiquitit@? Te confieso que yo sí. De hecho me pasó y me sigue pasando.
Esto se debe a que la parte inconsciente de tu mente siempre buscará la forma de boicotear tus planes de experimentar algo diferente. ¡Calma, no te juzgues ni te culpes por eso! Es solo tu sistema operativo funcionando en modo automático. El famoso “sistema de creencias” intentando protegerte frente a algo desconocido. Ya te contaré más sobre este tema en nota aparte. Lo importante ahora es que sepas que así funcionamos y aceptarlo es un buen primer paso para crecer y mirar tus metas desde un lugar más poderoso.
Ese lugar tiene nombre y se llama AUTOCONFIANZA. Significa que creés en vos. Te aceptás como sos abrazando todo tu ser, reconociendo tus capacidades e integrando tus debilidades y tus miedos. Regalándote el permiso de ser quien sos sin que te importe lo que piensen los demás.
Y si querés sentirte empoderadísim@, te recomiendo que trabajes sobre tus talentos, esas habilidades naturales que traemos al nacer y muy pocas veces las registramos, pero tienen un efecto multiplicador cuando se trata de ganar confianza un uno mismo.
Otra pata de la autoconfianza tiene que ver con ser flexible frente a las dificultades, frente a todo aquello que no depende de vos pero está ahí, poniéndote un palo en la rueda. Sobre todo en este mundo tan incierto con cambios tan repentinos e inesperados. Esa flexibilidad te llevará a encontrar siempre un plan «B», porque verás los obstáculos como oportunidades.
El arte de la disciplina
Disciplina significa la coordinación de tareas de una manera ordenada y de acuerdo con un método de trabajo cuyo incumplimiento provoca consecuencias.
Cuando nos encontramos trabajando para lograr nuestras metas, el hábito de la disciplina es un gran aliado para no perdernos por el camino y facilita el recorrido. Te ayuda en el ahorro de tiempo, energía y desgaste mental que implica poner en automático ciertas decisiones.

Como todo hábito, se adquiere y se va consolidando con el tiempo y la práctica. Para tener disciplina no hace falta que te tortures con la autoexigencia. Tampoco es cuestión de rendirte fácilmente cuando las cosas no salen como las esperabas. Se trata de ir fluyendo con paciencia y sin pausa, con esfuerzo sin sacrificio. La disciplina es como un engranaje que hace que todo funcione sincronizadamente al servicio de un propósito.
Como podrás ver, es una forma de estar en el mundo. Con tu forma de llevar adelante tu vida. Por eso yo lo llamo el arte de la disciplina, donde el proceso de incorporar el hábito resulta más amigable, además de sacarle un poco de rigidez a la interpretación del concepto.
De acuerdo con esta filosofía y a modo de aceitar ese engranaje, te recomiendo acompañar con actividades diarias que contribuyan a subir tu nivel de energía y mejorar tu estado de ánimo como rutinas de apoyo a tu trabajo. Tener un hábito que te gratifique vinculado con la coordinación de tus tareas puede ser de mucha utilidad para tener resultados efectivos.
Compromiso como valor
Cuando te pongas metas con propósito, te enfoques confiando en vos y te apoyes en tu sistema de disciplina, el compromiso pasará a formar parte de tu sistema de valores y te convertirás en la persona que tomará la riendas de su vida para crear una nueva realidad.
¿Necesitás ayuda con esto? Ponete en contacto conmigo
Un abrazo
Mirta Rodríguez


